Travesía por los Himalayas


Desde las Annapurnas, Diosas de las Cosechas, hasta Sagarmatha, la Frente del Cielo.-

miércoles, 22 de mayo de 2013

Kathmandu, odisea de un viaje de 24 horas en jeep entre Solleri y Kathmandu por rutas inconcebibles










 La odisea continúa, o la joda para Videomach.
A las 4 el jeep debía estar en la puerta de la pocilga. Por supuesto no está. Pasan algunos jeeps, esperamos más de una hora, ninguno es el nuestro. La dueña de la pocilga decide salir con nosotros y nos lleva a una oficina, doscientos metros de su casa, adonde nos suben a un jeep. Parece cómodo. El jeep anda dos cuadras, pega la vuelta, y nos bajan, dicen que ese no es nuestro jeep. Nos suben a otro. A eso de las 6, dos horas después de lo previsto, arrancamos. El camino es de tierra y `piedra, desparejo. Vamos a los saltos, despacio, a 10 km por hora, frenando, pasando pozos. El jeep toca bocina al pasar por las aldeas, sube gente hasta la manija, hasta completar cada hueco. A los diez minutos de haber salido, el jeep se detiene en una cola de varios autos. Hay un jeep recontraencajado en el barro más adelante y no se puede pasar. No saben sacarlo.  Aceleran, aran, y cada vez se entierra más. Martín busca en silencio unas maderas y les explica el truco de subir las ruedas a las tablas. Sale, pero se encaja otro. Yo empiezo a poner piedras que hay de sobra al costado de la ruta, en los huellones para que los jeeps que siguen, entre ellos el nuestro, puedan pasar; Martín y otro tipo acarrean piedra, canto rodado, en una bolsa y las desparraman en el barro para afirmar el terreno. Creimos, bueno, ya nos encajamos una vez, o ya se encajó uno, y eso fue todo, pero no. Esta situación se repite una vez tras otra a lo largo del día y hasta el hartazgo. La ruta, the nornal road, no existe. No es una ruta, es cualquier cosa, un caminito, y a veces ni eso, ya que en muchos tramos el jeep avanza a los golpes por entre las piedras del lecho de un río, o por adentro del río. Un desastre. Después del primer jeep encajado, un camión que venía de frente se encajó en otro charco. Hubo que sacar el camión para poder pasar. Cada vez que uno viene de frente, todos se tienen que acomodar contra la ladera o al borde del precipicio para que pasen dos vehículos donde entra uno. Otro camión encajado. Sacan al camión, pasan varios  jeeps y se encaja el nuestro. Hay que parar a comer. No sé cómo, pero agarro dos bols, me sirven fideos y salsa y Martín y yo comemos gratis. Stella sigue a dieta. En nuestro jeep va un hombre descompuesto vomitando por la ventanilla. Desde que salimos. Luego de esta parada a comer, el viejo come aunque viene vomitando –qué ganas- y cuando estamos a punto de arrancar se le ocurre ir a cagar así que todos los jeeps salen, menos el nuestro. Un bulldozer está trabajando, haciendo qué, no sé, y tenemos que esperar, y tras eso, un  camión cargado con tierra pinchó una rueda justo delante nuestro, así que no podemos seguir. Tenemos que esperar que vengan, el gato que no lo pueden poner, que no levanta, y que traigan la rueda. Five minutes, dicen, y estamos ahí más de media hora parados detrás del camión pinchado. Un rato más y hay otra parada a comer. Mal que mal y a los tumbos parece que se avanza. Ya hace como siete horas que salimos y nos habían dicho que la ruta mejoraría. No mejora nunca. Como si fuera poco, nuevamente vemos una cola detenida de autos. Hay un piquete. Son más o menos las 3 de la tarde y dicen que estarán hasta las 7. Es demasiado. Parece realmente una joda. Me bajo a hablar con los del piquete y me cuentan que la policía les pegó, por nada. El jeep agarra otra ruta. No tenemos que cruzar el piquete. No sé para qué paró entonces… 30 minutos. Hubo que detenerse en más barriales, en más pozos, y para dejar pasar a los que vienen de frente y después, tercera parada a comer. Otra vez. Otro jeep encajado. Otra vez. Cuarta parada a comer. Ya es de noche. En un momento, madrugada, nuestro conductor quiere hacerse el vivo y pasar a otro por un atajo, en vez de rodear un árbol, quiere pasar antes del árbol y se queda encajado en un zanjón de arena. Sí, es una joda para Videomatch.
Más de 24 horas después de habernos levantado a tomar el jeep, a las 4 y media de la mañana, llegamos a Kathamnadu. Hartos. Con el culo francamente roto, la paciencia curada de espanto y pegoteados de sudor y polvo. Pero llegamos. Y a tiempo. Ya es 13 de mayo. Nos queda este día para bañarnos y recomponernos un poco. Mañana 14 empiezan unas vacaciones distintas por el sudeste asiático. Esas vacaciones no quedarán impresas en este blog. Hasta aquí, la historia de dos trekkings por las Himalayas de Nepal: el circuito de los Annapurnas por el paso de Thorung La, y Sagharmata por el Valle de Gokyo y el paso de Cho La. Ojalá hayan disfrutado los relatos y les sean útiles a aquellos que quieran intentar travesías similares. 

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